lunes, 8 de septiembre de 2014

PERFIL DEL TRADUCTOR LITERARIO... PROPUESTA PARA LA FORMACIÓN DE TRADUCTORES

PERFIL DE TRADUCTOR LITERARIO

A vueltas con el traductor literario: una reflexión sobre sus competencias
Yolanda Morató Agrafojo
La linterna del traductor….la revista multilingüe de ASETRAD


En este artículo se analiza una de las competencias fundamentales que tradicionalmente ha quedado excluida de las destrezas que se esperan de un buen traductor literario. La capacidad de convertirse en agente de su propio conocimiento de la cultura de la lengua extranjera desde la que traduce aún sorprende a muchos egresados de la titulación de Traducción e Interpretación, e incluso a algunos traductores. El cambio del papel pasivo al activo del traductor literario reside en el conocimiento del mercado editorial y de la propia literatura.

Descripción: Yolanda Morató Agrafojo
Yolanda Morató es profesora asociada en el departamento de Filología y Traducción en la Universidad Pablo de Olavide. Se licenció en Filología Hispánica (U. de Sevilla) e Inglesa (U. de Huelva); tiene un máster en Literatura del Modernismo inglés (Birkbeck College, U. de Londres) y otro en Traducción e Interculturalidad (U. de Sevilla). Realizó estudios de postgrado en la Universidad de Harvard, donde impartió clases (2002-2004). Ha publicado traducciones en revistas y editoriales nacionales e internacionales, entre ellas, la edición anotada de la primera autobiografía de Wyndham Lewis, Estallidos y bombardeos, que fue galardonada con el premio de traducción aedean en 2008.

En la lengua inglesa la palabra agency tiene un doble significado. Por una parte, hace referencia a la consabida acepción que designa, como el término en español, una oficina, despacho o sucursal de una empresa en la que se gestionan asuntos del interés de unos determinados clientes. En una acepción formal del término, el inglés reconoce que hacer algo «by/through the agency of», de manera literal, por medio de la agencia de alguien o de algo, implica la intervención de una persona o cosa —el agente propiamente dicho— que tiene capacidad de obrar y causar efecto en el resultado. Dicho esto, la expresión inglesa bien puede aplicarse a la labor que desarrollan algunos traductores literarios cuando quieren introducir, y por tanto publicar, cierta obra de un autor en un país en el que se hable la lengua hacia la que traducen.

Esta agencia1 del traductor literario ha tenido lugar a lo largo de los siglos, cuando la figura del editor no estaba tan perfilada como en nuestros tiempos o simplemente no contaba con más competencias que las de sufragar y organizar la publicación en sí. Existen, por supuesto, casos singulares, como la edición de los poemas de Garcilaso de la Vega realizada en 1580 por Fernando de Herrera, que constituye una edición crítica y filológica —con determinados desaciertos—, o la diferencia general entre las competencias del editor anglosajón y las de nuestros editores españoles, entre los que también podríamos señalar notables excepciones que no son pertinentes aquí.

La labor del traductor literario como descubridor, introductor y divulgador de autores no es, por tanto, nada nuevo, como tampoco lo es la confluencia de escritor y traductor en una misma persona…

Bien es cierto que en el campo de la traducción literaria —al que por alguna razón muchos siguen llamando «no especializada» a pesar de que el lenguaje de la ficción es siempre, por fuerza, artificial y por tanto de lo más especializado— conviven aún varios clichés promovidos por el sector más conservador, o quizás sería más correcto decir por el más ajeno a la práctica de la traducción de textos literarios. El traductor de poesía debe ser poeta es de los peores estereotipos que se siguen propagando como un virus invisible. Me imagino a un poeta al que se le resistan los sonetos, o a otro a quien no le salga un endecasílabo que no resulte artificioso. Sería como poner a un saltador de trampolín a hacer saltos de obstáculos. Porque son todos saltos, ¿no es así? Igual de absurdas resultan esas afirmaciones que definen a la poesía como un todo o, aún peor, a la Literatura como un compartimento estanco.



“Una propuesta para la formación de traductores: las cinco competencias“


Ponencia presentada por Olga Álvarez y Julia Benseñor en el II CONGRESO DE TRADUCTORES E INTERPRETES, CTPBA, 1993  

El artículo de Olga Alvarez y Julia Benseñor enriquece sobremanera las competencias que se espera en un traductor.  Siga cualquiera de estos vínculos  https://www.dropbox.com/s/bs90xavw7bts029/FORMACION%20DE%20TRADUCTORES.%20LAS%20CINCO%20COMPETENCIAS%20Olga%20Alvarez%20y%20Julia%20Bense%C3%B1or.pdf?dl=0  
  

fin del artículo 

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